ASTON MARTIN, UN SIGLO DE ELEGANCIA

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Hablar de Aston Martin es hablar de clase, elegancia y seducción. La firma  británica ha logrado elevar su imagen de marca hasta la excelencia en el mundo del automóvil a lo largo de su más de 100 años de vida. Fundada en 1913  por Robert Bamford y Lionel Martin bajo el nombre “Bamford & Martin Limited” no tardaría en cambiar su nombre por el actual, Aston Martin. El éxito  de uno de sus creadores en la prestigiosa carrera Aston Hill Climb, en Reino  Unido, dio lugar a esta denominación.

 

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Nace el icono

En 1915 Bamford y Martin incorporaron un motor Coventry-Simplex de cuatro cilindros al chasis de un Isotta-Fraschini dando lugar al  primer Aston Martin de la historia. En marzo de ese año comenzaría la fabricación en serie de este modelo en Kensington aunque rápidamente se verían obligados a detener su producción por el estallido de la I Guerra Mundial.

 

El debut

Acabada la Gran Guerra retomaron su actividad. Bamford abandonó Aston Martin poco antes de que la compañía inglesa comenzara su  andadura en competición en el Gran Premio de Francia de 1922 donde ascendieron al podio con dos vehículos. Para lograr estos éxitos y  batir récords de velocidad y resistencia se crearon tres coches con motores de 16 válvulas y motores de levas  gemelas.

Mientras saboreaban las mieles del éxito en competición llegaría un duro varapalo, los problemas financieros obligaron a cerrar la empresa en  1925, aunque un año más tarde un grupo de inversores reflotarían la empresa bajo el nombre “Aston Martin Motors”. Sería entonces cuando  los Aston Martin empezarían a lucir en sus carrocerías el logotipo alado que ha conservado prácticamente intacto hasta la actualidad. Ya  entonces la firma británica apostaba por unos señas de identidad que la han caracterizado y diferenciado hasta hoy día: coches veloces con  una ingeniería revolucionaria, altísima calidad y elevado precio.

 

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Crece la producción

La compañía a partir de entonces no haría más que crecer en  beneficios y reputación gracias a su cuidado diseño y excelente trabajo de ingeniería. Todo esto llevaría a que Aston Martin entrase en 1928 en las prestigiosas 24 horas de Le Mans.  El éxito en competición y mercado automovilístico fueron  de la mano durante toda la década, especialmente tras el éxito arrollador del Aston Martin Le Mans 1.5L en 1933. La  compañía decidió centrar sus esfuerzos en los coches comerciales mientras su producción seguía creciendo hasta alcanzar  los 140 vehículos fabricados en 1937, cifra récord antes de la  II Guerra Mundial.

Al finalizar la guerra volvería a la producción de coches tras  un paréntesis produciendo componentes para aviones. La firma rompería moldes en 1939 con la presentación del Atom,  un atrevido prototipo que incorporaba un futurista chasis  tubular, suspensiones independientes y estaba envuelto por  una ligera carrocería de aluminio. Uno de los propietarios de  la compañía, Augustus Bertelli, se convertiría en icono de la  firma con su peculiar personalidad que aunaba la faceta de  piloto, fabricante y dueño.

 

Era David Brown

El fabricante de tractores David Brown adquirió la compañía en 1947. Impulsada por estos aires renovadores la firma crecería con la compra de Lagonda y su patente del motor Bentley de 2.6 litros. La producción volvería a trasladarse, esta vez a Hanworth Park, donde ambas  compañías aunarían esfuerzos para el desarrollo de la serie de coches “DB”. El Aston Martin DB2 sería presentado en 1950, seguido por el  DB2/4 en 1953, el DB2/4 MkII en 1955, el DB Mark III en 1957 y por último el DB4 con bellas líneas italianas y un motor de 3.7 litros  en 1958. EL DB2 grabaría su nombre con letras de oro en la historia de la competición al lograr el primer, segundo y tercer puesto en 1951  en Le Mans.

 

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Victoria tras victoria

Los éxitos en competición seguían sucediéndose, las 24 horas de Le Mans, los 1000Km de Nürburgring o el Gran Premio de Monza copaban sus estanterías de trofeos. El Aston Martin DB4GT, una evolución deportiva del DB4 originario, es responsable de la mayoría de estos  éxitos. Todos estos modelos ayudaron a cimentar su posición privilegiada en competición, plantándole cara al todopoderoso Ferrari, aunque sus  ventas de coches de calle no tenían tanto éxito como los Jaguar. Pero el DB4 sobresalió sobre todos los demás y dio lugar al mítico DB5 en  1963. Sería este modelo con el que la firma británica daría el salto a la gran pantalla gracias a ser elegido como el coche del agente secreto  más conocido del celuloide. El glamuroso James Bond conducía un Aston Martin DB5 en `Goldfinger´, e iniciaba así una relación con la  firma que se extendería a lo largo de once películas y más de cincuenta años. Solo hicieron falta 13 minutos en la gran pantalla para que el DB5 con su característico color plateado se convirtiese en todo un icono y  disparase las ventas de la compañía inglesa. Esta maniobra magistral de marketing fue pura casualidad ya que el deportivo de Aston Martin  no fue la primera opción para la productora de la película. Inicialmente se había pensado en el Jaguar EType, pero la negativa de Sir William  Lyons a prestar tres E-Type para el rodaje de la película hizo que se pensase en una alternativa al Jaguar y se decantase entonces por otro  deportivo inglés, el DB5 de Aston Martin.

 

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Una nueva década

Los DB6 y DB6 Volante seguirían la senda marcada por su predecesor. La firma no descansa y continúa invirtiendo en materia de ingenie-  ría y mecánica para lanzar modelos como el DBS, el DBS MK II o el DBS V8. Aston Martin continuaría con su montaña rusa de éxitos y fracasos y en la década de los setenta atravesaría una grave crisis económica que acabaría en quiebra en 1975. Tras su rescate por varios  inversores lanzarían el Aston Martin Lagonda, otra vuelta de tuerca en mecánica antes de que en 1980 Victor Gauntlett compre la firma y  más tarde Ford se haga con el 75% de la firma británica, dando paso a una nueva etapa en la compañía.

Era Ford

La década de los ochenta y noventa es considerada la Era Ford, consolidando su posición en el mercado gracias a iconos como el Aston Martin Virage y Vantage, la gama más alta de la firma hasta la llegada del DB7. Ford compra entonces el 25% restante de la compañía y  alcanzan un récord de producción: 700 vehículos solo en 1994.

Con el nuevo siglo la firma se muda a Warwickshire donde el Aston Martin DB9, el DB9 Volante o el Vanquish ven la luz para maravilla  de los amantes de los automóviles británicos. En 2004 se crea la división Aston Martin Racing para su regreso a las carreras y la creación del  DBR9 que ganaría las 12 horas de Sebring y Le Mans.

 

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Nuevo cambio de dueños

En 2007, la maldición financiera de la compañía obligaría a Ford a vender el 90% de la firma al dueño de Prodrive y dos compañías kuwaitíes,  quienes mantendrían la racha de éxitos en la competición: Le Mans en 2008 y campeonato de constructores de la GT1 en 2010. Además  relanzarían antiguos modelos como el DBS, el Virage o el Vanquish. Y en 2009 vería la luz el unicornio de Aston Martin, el One-77, un  superdeportivo especialmente exclusivo incluso para la marca, con una edición limitada a 77 unidades.

 

Un siglo de elegancia

En 2013, coincidiendo con el centenario de la firma Aston presentó un modelo conceptual llamado CC100, un homenaje al DBR1 que  lograría un doblete en las 24 Horas de Le Mans en 1959. A pesar de la montaña rusa de victorias y fracasos por la que Aston Martin ha  pasado a lo largo de su historia no cabe duda de que no se trata de una marca más. La compañía es un símbolo de la industria del automóvil,  un emblema de las cuatro ruedas ligado inseparablemente a la elegancia y el lujo que seguirán haciendo las delicias de los amantes del motor  durante muchos años más.

 

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